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martes, noviembre 08, 2011

campos de lavanders en francia Nuestra Señora de la Abadía de Sénanque es una comunidad de monjes cistercienses. La belleza de la arquitectura y del valle donde se encuentra la abadía es impresionante.



Situada en el sur de Francia, en la región de Luberon, rodeada de campos de lavanda y trigo, escondida entre montañas de piedra, se encuentra la abadía de Nuestra Señora de Senanque, un antiguo monasterio de monjes cistircienses. La fundación y construcción de esta abadía datan de 1148. En esta época, ciertas abadías benedictinas comenzaban a olvidar la manera de vivir establecida por San Benito en su propio reglamento monástico, lo que suscitó la creación de otra orden, los cistercienses, que deseaban retomar una vida monástica congruente al estilo desan benito de nursia.
Impulsados por san bernardo de claraval, los cistircienses logran, en la Edad Media, la fundación de cientos de abadías en Francia y en otros países de Europa. Estas comunidades monásticas buscaban establecerse en lugares alejados, en donde se dedicaban al trabajo manual, en general la agricultura, al estudio y la oración.
La construcción de la abadía de Senanque tardó cien años, situación que no molestaba a los monjes, quienes trabajan tallando las piedras para su perfecta construcción, cuya belleza, decían, no era suficiente para Dios.
Durante los siglos XIII y XIV, la abadía vivió su mayor esplendor y contribuyó de manera fundamental al desarrollo de la llamada Provance (sur de Francia), gracias al desarrollo de la agricultura, con sus siete graneros y cuatro molinos.
Sin embargo, en 1544, debido a la guerra de religiones entre protestantes y católicos, la Abadía fue devastada y casi destruida.
A partir de 1789, época de la Revolución Francesa, se generaliza la destrucción de los cientos de abadías, catedrales, iglesias, conventos, entre otros, los cuales fueron sustraídos por el Estado, para ponerlos a la venta, básicamente para la destrucción y utilización de las piedras para nuevas construcciones.
En esta ocasión, la situación geográfica de Senanque fue su salvación. Al estar alejada de todo y no contar con carreteras y vías de acceso cercanas, no representaba un punto de interés para la recuperación de piedra. Esto permitió a una familia católica adquirir la abadía y, a su vez, cederla a una comunidad de monjes cistercienses.
En 1903 los monjes vuelven a ser expulsados de la Abadía, y no es hasta 1998 que el edificio acoge nuevamente a una comunidad monástica, lo que reanuda los siglos de tradición cisterciense.
Actualmente, seis monjes habitan la abadía. Ellos continúan con las tradiciones de la regla de San Benito: estudio, oración y trabajo manual. No comen carne durante la semana, solamente los domingos. Cuatro de ellos son igualmente sacerdotes, por lo cual hay misas abiertas al público, así como la oración de las horas.
Día con día, los monjes reciben a los fieles para la dirección espiritual y la confesión. También estudian las reglas de san benito para vivir en armonía la vida monástica y crecer en virtudes.
La abadía, abierta a la visita del público, es propiedad privada. Pertenece a la Congregación cisterciense de la Inmaculada Concepción, a diferencia de otras abadías cistercienses que se han convertido en simples museos propiedad del Estado.
La visita de la abadía te transporta a la historia de los orígenes de Europa y sus raíces cristianas. Tiempos de una Europa mal llamada obscurantista, en donde se aseguró la preservación cultural y el desarrollo de la filosofía y las ciencias, gracias a los cientos y cientos de manuscritos que conservaron, tradujeron y re copiaron los monjes.
En Senanque se conserva el cuarto en donde, durante horas, los monjes copiaban y traducían manuscritos. Única habitación del monasterio que tenía calefacción, no para la comodidad de los monjes, sino para la conservación de los documentos y, sobre todo, para iluminar la habitación con las flamas de las chimeneas, para que los monjes pudieran ver.
Los monjes de la edad “obscura” comprendían todo sobre la arquitectura. Respetaban y buscaban no solamente la funcionalidad, sino la estética y el simbolismo en sus construcciones. La característica principal de los monasterios cistercienses era la sobriedad en la decoración.
La situación del terreno en donde fue construida la Abadía de Senanque, no permitió que el edificio estuviera orientado al este (dirección de Belén, ciudad del nacimiento de Jesús), tradición de todas la abadías, Senanque está orientada al norte.
El claustro, lugar de tránsito para acceder a las diferentes partes de la abadía, y sobre todo, espacio dedicado a la meditación, está construido en una superficie cuadrada, con un jardín interior rodeado por cuatro grandes arcos, con tres arcos pequeños al interior de cada gran arco, resultando doce arcos en total.
Esto arroja dos números simbólicos importantes, el cuatro y el 12: cuatro evangelistas, 12 apóstoles. Los 12 arcos en cada uno de los cuatro lados del claustro recuerdan la “Eterna Jerusalén” (el paraíso), descrita con esta cifra en el Apocalipsis.
Así, está abadía se conserva como un tesoro que nos permite comprender y valorar las raíces de Europa. Esta Europa que hoy en día busca unirse, no solamente por razones económicas y políticas, sino por un verdadero lazo cultural y unos mismos orígenes.
La vida monástica es punto clave en la comprensión de la fundación de Europa. Es por ello interés particular del papa benedicto XVI, como bien lo expresó en su visita a Francia en septiembre de 2008, volver la mirada a este pasado para comprender el presente y, sobre todo, para poder fundamentar en bases sólidas el futuro de la Comunidad Europea